"El viento abre una herida en la noche. Ahí los pájaros hacen sus nidos"
(Jorge Curinao)
Mi padre tenía los ojos
como un mar solitario.
Nunca supe qué naufragio se debatía
entre su pasión y su miedo,
entre su ternura y su ira
A veces sus gestos de amor tenían el filo
de un cristal de Bohemia,
y en los océanos de silencio en donde
se perdía
no había proa por donde subir a ayudarlo
ni mascarón por donde reconocerlo
Yo quería ocultarme en sus bolsillos
como caramelos,
ser descubierta como tesoros,
capaz de responder sus abrazos torpes
como si no desconfiara,
ser la responsable de que se anime a una ruta de estrellas
porque aunque eso significase
perderlo de vista en una ternura diaria
hubiese dejado su naufragio en la orilla
Mal y tarde aprendí que jugó más
de lo que tenía
y por no tener lo que no era,
no siguió jugando
Mi padre tenía un ritmo de jazz
en la yema de sus dedos
y un decir de tango
en la comisura de sus labios
un reloj que le robaba el tiempo,
y libros y música que se lo devolvían
entre guiños
Mi padre tenía una hija que dolía el no saber
cómo bajar de sus rodillas
y volver a subirse convertida en mujer
Mi padre era su tocadisco llevándolo lejos
una música sin compañera
que no podía verlo
A veces, miro los hombres que naufragan
en bares, en silencios, en una cofradía
de palabras que no dicen,
en una espiral de ternura y besos regateados,
y me duelen:
vuelvo a ver esa niña,
la misma que dolía
porque no pudo ayudarlo
Poemas,verso libre,creaciones y reflexiones literarias de Mercedes Venturino
poesiaenlahendidura.blogspot.com
Nocturna, la flor abre su corona y seduce
desde el rocío de la noche, las pestañas de tus ojos.
Ambas se parecen, se miran,
como se miran los dos bordes enfrentados de una herida,
ajenos y actores del mismo milagro
Dónde se pone esa belleza poderosa, efímera,
que dejan dos cuerpos que vuelan y vuelven,
que se van y se quedan?
Que se los arroja a la muerte y regresan
como si emergieran de un pueblo fantasma de besos?
Qué nombre recibe la permanente ausencia que rueda
sobre tus mañanas de gorrión
y las transforma en presencia?
Cómo llamamos al enorme desamparo de unos ojos
que sabemos que jamás podrán ver cómo late nuestra sangre?
Dónde se protege la intemperie de una soledad en compañía?
Silencios que se rompen como plata de luna llena
y en el fondo del silencio el eco de una voz,
que se esconde tras el ruido de lo que no expresa:
No hay arrullo de gorriones que la acunen,
no hay pétalos que cubran el suelo de esa pena
no hay salida, no hay ventana, no hay laderas
por las que echar a rodar la decepción feroz
que intercambia las prendas de una condena
Enterate corazón:
Ser vulnerable, a veces, te fortalece
desde el rocío de la noche, las pestañas de tus ojos.
Ambas se parecen, se miran,
como se miran los dos bordes enfrentados de una herida,
ajenos y actores del mismo milagro
Dónde se pone esa belleza poderosa, efímera,
que dejan dos cuerpos que vuelan y vuelven,
que se van y se quedan?
Que se los arroja a la muerte y regresan
como si emergieran de un pueblo fantasma de besos?
Qué nombre recibe la permanente ausencia que rueda
sobre tus mañanas de gorrión
y las transforma en presencia?
Cómo llamamos al enorme desamparo de unos ojos
que sabemos que jamás podrán ver cómo late nuestra sangre?
Dónde se protege la intemperie de una soledad en compañía?
Silencios que se rompen como plata de luna llena
y en el fondo del silencio el eco de una voz,
que se esconde tras el ruido de lo que no expresa:
No hay arrullo de gorriones que la acunen,
no hay pétalos que cubran el suelo de esa pena
no hay salida, no hay ventana, no hay laderas
por las que echar a rodar la decepción feroz
que intercambia las prendas de una condena
Enterate corazón:
Ser vulnerable, a veces, te fortalece
La luz se sacude el invierno y aparece
de a ratos,
como cierta risa temblando en una esquina.
La primer luz de la mañana
amanece con un gesto que intento desterrar
y entre mi risa y tu pecho
aletea un gorrión dormido
La última idea de instinto que me queda en el pecho
para salvarme me dice que no,
que así no se puede seguir respirando
Pero no hay caso:
el otro costado me repite, insistente,
que sabe bien que soy amiga de las causas
Entonces,
casi rendida
hago lo último que puedo hacer:
pedirle una mano a ese tiempo que reverbera entre las páginas
de cada libro que me abrazó para darme aliento,
y tomo una a uno cada uno de los poemas
que entre alas y hendiduras
entre derrame y vacíos
iluminó mi ventana,
allí donde miro como mis plantas suculentas crecen sin temores
libradas al azar del tiempo, a lluvia o viento,
a inclemencias de sol o sombra
resisten, y crecen, porfiadas, irreverentes
sigilosas, resistentes, rebeldes
sin saber con certeza qué o cuanto necesitan
y así viven, en silencioso perfil bajo, hasta que un día
asoma una flor amarilla que refleja
el sol temerario de todos las mañanas
de a ratos,
como cierta risa temblando en una esquina.
La primer luz de la mañana
amanece con un gesto que intento desterrar
y entre mi risa y tu pecho
aletea un gorrión dormido
La última idea de instinto que me queda en el pecho
para salvarme me dice que no,
que así no se puede seguir respirando
Pero no hay caso:
el otro costado me repite, insistente,
que sabe bien que soy amiga de las causas
Entonces,
casi rendida
hago lo último que puedo hacer:
pedirle una mano a ese tiempo que reverbera entre las páginas
de cada libro que me abrazó para darme aliento,
y tomo una a uno cada uno de los poemas
que entre alas y hendiduras
entre derrame y vacíos
iluminó mi ventana,
allí donde miro como mis plantas suculentas crecen sin temores
libradas al azar del tiempo, a lluvia o viento,
a inclemencias de sol o sombra
resisten, y crecen, porfiadas, irreverentes
sigilosas, resistentes, rebeldes
sin saber con certeza qué o cuanto necesitan
y así viven, en silencioso perfil bajo, hasta que un día
asoma una flor amarilla que refleja
el sol temerario de todos las mañanas
Las flores salvajes mas respetables
nacieron un día en el desierto.
no ha de asombrarte que esta penumbra de abrazos
te lleve de la mano a donde cultivar tus ventanas
El cuerpo si se ofrece.
se pone entero, y es decir el alma;
el alma se derrama a fondo,
es decir con el cuerpo
Renazco otra vez en los azhares
que atraviesan el aire sin permiso;
el mundo está lleno de cosas que no me pertenecen y esas
son las únicas cosas de las que sentirse dueño
La esquina fue un indicio:
el deseo dibujó una curva donde jamás
volvería a verte,
una pared pintada que anuncia que vives,
se esconde tras la derecha.
La esquina fue un presagio:
ahora, sabré donde esconderte
nacieron un día en el desierto.
no ha de asombrarte que esta penumbra de abrazos
te lleve de la mano a donde cultivar tus ventanas
El cuerpo si se ofrece.
se pone entero, y es decir el alma;
el alma se derrama a fondo,
es decir con el cuerpo
Renazco otra vez en los azhares
que atraviesan el aire sin permiso;
el mundo está lleno de cosas que no me pertenecen y esas
son las únicas cosas de las que sentirse dueño
La esquina fue un indicio:
el deseo dibujó una curva donde jamás
volvería a verte,
una pared pintada que anuncia que vives,
se esconde tras la derecha.
La esquina fue un presagio:
ahora, sabré donde esconderte
"Lo real es lo que vuelve siempre al mismo lugar,
lo que no cesa de repetirse para entorpecer la marcha"
(Jacques Lacan)
Las máscaras que pueden caer por su propio peso
el día que son descubiertas inútiles, infames
y darte cuenta que aún más terrible que ser descubierto,
es nunca ser descubierto
Con ese trabajo fracasan conmigo las madreselvas
y los soles de octubre;
con esa encomienda me voy al fondo de los ríos
transportando cientos de lotos blancos,
con esa misión fracaso y me vuelvo siempre
más cerca de los centros
los que sólo sé tocar con las manos extendidas a un dulce abismo
los que me recuerdan que no sé vivir de otra manera
Un rostro me pide que sea la asesina de las primaveras:
es el rostro? o la máscara?
Pero sucede
que a la luz del día se levantan paredes
solo porque resulta impensado derribar otros muros,
y quedan tantos de esos, construcciones huecas que apuntalar,
que no sabremos nunca si fue anverso o reverso,
si lo real fue el rostro o la máscara
lo que no cesa de repetirse para entorpecer la marcha"
(Jacques Lacan)
Las máscaras que pueden caer por su propio peso
el día que son descubiertas inútiles, infames
y darte cuenta que aún más terrible que ser descubierto,
es nunca ser descubierto
Con ese trabajo fracasan conmigo las madreselvas
y los soles de octubre;
con esa encomienda me voy al fondo de los ríos
transportando cientos de lotos blancos,
con esa misión fracaso y me vuelvo siempre
más cerca de los centros
los que sólo sé tocar con las manos extendidas a un dulce abismo
los que me recuerdan que no sé vivir de otra manera
Un rostro me pide que sea la asesina de las primaveras:
es el rostro? o la máscara?
Pero sucede
que a la luz del día se levantan paredes
solo porque resulta impensado derribar otros muros,
y quedan tantos de esos, construcciones huecas que apuntalar,
que no sabremos nunca si fue anverso o reverso,
si lo real fue el rostro o la máscara
Dos gotas en mi ombligo son una cuna de nácar,
un mar para tu lengua y un brillo de plata;
se iluminan entre notas, tus manos en mi cintura
y unos labios que recorren la llanura de mi espalda
Hay ríos que son de plata,
otros de oro o de nácar:
el que imagino a tus pies desbordando mi espacio
tiene el aroma del verano
en mis árboles de niña
tiene una campana en el medio de un bosque
y las aguas de cristal de aguamarina
Es apenas una gota de agua en mi ombligo,
pero el vuelo atrevido de tu luz
me dió el coraje
y te veo,
o te miro,
una vez,
y otra vez, y otra,
nadando allí, en el mar de mi cintura
un mar para tu lengua y un brillo de plata;
se iluminan entre notas, tus manos en mi cintura
y unos labios que recorren la llanura de mi espalda
Hay ríos que son de plata,
otros de oro o de nácar:
el que imagino a tus pies desbordando mi espacio
tiene el aroma del verano
en mis árboles de niña
tiene una campana en el medio de un bosque
y las aguas de cristal de aguamarina
Es apenas una gota de agua en mi ombligo,
pero el vuelo atrevido de tu luz
me dió el coraje
y te veo,
o te miro,
una vez,
y otra vez, y otra,
nadando allí, en el mar de mi cintura
Crece el hueco de mi pecho
como un violín que disfruta sonando a sí mismo
las miles de notas que irán a dar al viento
Crece mi pelo como una llamarada,
que se derrama en flores y letras:
todas se atropellan por mostrar sus curvas
como la letra cursiva en la m de nombre
Voy desde el centro de mi vientre
a lo abyecto de tu espacio
y en los escalones vibrantes sólo espero
ver la sombra de tu pena,
no,
ni aun la pena:
la sombra
Todas las espinas apuntan al centro de la rosa
y la flor sigue intacta en su color
Todo los filos amenazan a la flor,
y la flor sigue perfumando el cuchillo
No te ilusiones:
aunque escupan sobre mi esperanza
la luz seguirá partiendo la mañana desde mi plexo
para atravesar la oscuridad y seguir iluminándome
como un violín que disfruta sonando a sí mismo
las miles de notas que irán a dar al viento
Crece mi pelo como una llamarada,
que se derrama en flores y letras:
todas se atropellan por mostrar sus curvas
como la letra cursiva en la m de nombre
Voy desde el centro de mi vientre
a lo abyecto de tu espacio
y en los escalones vibrantes sólo espero
ver la sombra de tu pena,
no,
ni aun la pena:
la sombra
Todas las espinas apuntan al centro de la rosa
y la flor sigue intacta en su color
Todo los filos amenazan a la flor,
y la flor sigue perfumando el cuchillo
No te ilusiones:
aunque escupan sobre mi esperanza
la luz seguirá partiendo la mañana desde mi plexo
para atravesar la oscuridad y seguir iluminándome
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Todas las noches dejo, al borde de la tibieza, una ciudad que habito entre sombras. Repaso sus calles por última vez, con los ojos cerrado...
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Todas las noches dejo, al borde de la tibieza, una ciudad que habito entre sombras. Repaso sus calles por última vez, con los ojos cerrado...
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Hay días donde el viento es una herida abierta con sus dedos inútiles: ninguna fuerza consigue llevarme hasta la orilla y yo, no veo más...






